“Del conocimiento viene la preocupación y de la preocupación viene el cambio”
Esta fue una de las conclusiones del documental ‘A Plastic Ocean’, proyectado en la sala de Cine Colombia en conjunto con el CINU y Plastic Foundation. Este evento dio inicio al Festival de Cine Azul como parte del llamado de las Naciones Unidas para buscar acciones concretas a través de la Conferencia Mundial sobre Los Océanos. Una vez más el cine nos da la vuelta y nos hace ver el mundo como nunca lo hemos imaginado.

Antes de ver el documental tenía un conocimiento muy limitado sobre el daño que puede ocasionar el plástico, pero ahora lo voy a pensar 2 veces antes de botar este desechable a un cesto de basura. El daño que hemos ocasionando a los océanos ha hecho imposible la tarea de limpiarlo, por lo que ahora la única solución es dejar de contaminarlo.

Sin embargo, y como lo dijo Hélène Papper, directora del CINU y Mauricio González, biólogo marino representante de la Fundación Plastic Oceans, incluso estando lejos del mar y en grandes ciudades podemos aportar a la reducción de la huella de plástico.

Imaginemos por un momento que vamos al supermercado a comprar verduras, las metemos en la bolsa de plástico para poderlas pagar y luego de ahí llegan a nuestras casas. ¿Qué hacemos después con ellas? Las botamos. Tuvieron un ciclo de vida de máximo 12 minutos, y luego van a contaminar el medio ambiente por siempre.

 

 

El documental rompe completamente el mito de que el plástico en algún momento se deshace y desaparece. El ser humano termina comiendo microplásticos presentes en la carne de los pescados que por accidente las consumen. Es decir, no sólo estamos botando el plástico sin pensar, sino que además estamos consumiendo inconscientemente todas las toxinas que contiene.

El 80% de la contaminación marítima proviene de la actividad terrestre y todos podemos hacer parte del cambio. Así que invito a todos a ver el documental, a informarse y a tomar medidas para reducir su propia huella de plástico. Por ejemplo, hoy que vayan a comer o al supermercado pueden empezar por decir: “Sin pitillo, por favor” o “Sin bolsa, por favor”.

Natalia Pinzón Botero, Miembro Activo de Corales de Paz

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